¿Para quién escribe la antropóloga?
Recomendamos echarle un ojo a la lectura obligatoria de Geertz antes de leer esta entrada.
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Un compañero de clase comentó la problemática de para quién escribimos el martes 12 y nos pareció importante escribir al respecto al estar en el grupo de antropología y literatura.
Consideramos que cuando queremos ampliar el abanico de personas a las que nos dirigimos es cuando más nos acercamos como antropólogas a la literatura. El libro de Nigel Barley, “El antropólogo inocente” es un gran ejemplo de ello.
Las compañeras del grupo con el susodicho.
Como antropólogas, el sentido de acercamos a la literatura lo vemos en contar una historia a un posible lector de placer, frente a la redacción de un texto de estilo científico, que será leído por personas académicas y rara vez por puro disfrute. La lectura que hemos hecho en clase de Luis Devin encaja en el primer grupo, el de lo puramente literario y está tomada de “La foresta ti ha”, una novela que, aunque en ella se puede identificar cierto carácter etnográfico, está publicada por una editorial que no es específicamente de antropología.
El fragmento cuenta cómo el autor experimenta la iniciación de los muchachos pigmeos. El estilo que usa es muy descriptivo y en primera persona. Su objetivo, claramente, es introducirnos como lectoras en la experiencia que él mismo ha vivido. Busca hacerte sentir un miembro de la tribu, uno de esos muchachos que participa en el rito de paso. Esto hace que la experiencia lectora sea muy rica e interesante. Sin embargo, desde el punto de vista etnográfico, falta mucha información. Al leerlo sientes mucho, pero comprendes poco. Hay que echar mano de la imaginación. Es positivo para empatizar, pero, según nuestra perspectiva, dificulta la comprensión de la cosmovisión, porque da cosas por hecho. Es más poético que explicativo.
Usando los términos de Geertz (en el enlace sugerido al principio de la página), en este texto el sujeto (antropólogo) le roba en mucho espacio al objeto de estudio. Se podría decir que el autor no logra un buen equilibrio entre estos dos elementos, dando prioridad al aspecto literario por encima del rigor etnográfico.
Hemos aprendido que en antropología no se puede dar nada por hecho, que haciendo eso, evitas hacerte preguntas y, por tanto, pierdes parte de la información acerca de las relaciones sociales. Lo que ha plasmado el autor en el texto refleja todo lo contrario, no explica nada y se limita a hacerte sentir. Sin embargo, no dudamos de su buen trabajo, sino que consideramos que su objetivo no era hacer una buena etnografía, sino el de acercarse -y con él su contenido etnográfico- a quien lee por placer. El hecho de que a veces nos cueste comprender de lo que habla suponemos que tiene que ver con que no hemos leído el resto del libro.
A nuestro entender, si en algo se acerca a la antropología lo que ha escrito Devin, tiene más relación con el diario de campo, que está dirigido a ti misma y por tanto conoces a qué te refieres exactamente con su contenido. Nos preguntamos si es una reinterpretación de eso. En cualquier caso, lo que recibimos al leerlo es una buena historia. Una buena historia que pensamos que no sería difícil de acercar a un trabajo más etnográfico conservando esa esencia fresca y atractiva de un texto literario. Para ello, solo haría falta añadir notas al pie con contextualización y matices de carácter más técnico, de modo que el lector de placer tuviera la oportunidad de disfrutar de la historia -e incluso eventualmente adquirir conocimientos más técnicos sobre antropología- y que también fuese útil para quien acceda al mismo con un interés académico, que podría obtener la información que necesita junto con una narración que muchas veces echamos de menos en este ámbito.
Al tratar este tema en grupo hemos concluido que no tenemos por qué elegir para quién escribir: si para un público que quiere pura literatura o para otro que busca la información etnográfica, que bien se podría hacer un contenido literario en el que añadamos cierta información etnográfica y que sea el propio público quien decida qué le interesa más, pero, sobre todo, que la decisión última es de quien escribe. En definitiva, tú como antropóloga tienes que escribir lo que te apetezca, lo que te salga, no estar condicionada por quién lo leerá. Es importante que nos guste a nosotras mismas y así, probablemente, nuestro texto también gustará al resto.
Redactado por:
- Marina Martínez Román
- Irene Melgar Cordón
- Antonela Chis
- Clara Pulido Cruzado

Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEn las últimas frases de esta entrada, se plantea una idea con la que no estoy muy de acuerdo:
ResponderEliminar"En definitiva, tú como antropóloga tienes que escribir lo que te apetezca, lo que te salga, no estar condicionada por quién lo leerá. Es importante que nos guste a nosotras mismas y así, probablemente, nuestro texto también gustará al resto. "
Producir algo, sea lo que sea, implica poner una parte de ti en ello pero cuando aplicamos la antropología y hacemos trabajo de campo, estamos tratando con unas subjetividades que no nos pertenecen. Por eso, no se trata de que te guste lo que estés produciendo sino de que tenga una función social, que tenga empatía, que sirva para comprender una realidad, que sirva para descubrir una dinámica, que sirva para criticar, que que sirva para problematizar...
Es una producción hecha por muchas gentes en realidad porque la antropología estudia con/sobre personas. Claro que la autoría, a nivel académico, es lo que más valor tiene. Pero si lo que queremos es salir del sofá de la academia, del polvo de las estanterías de la universidad (cada vez más vacías porque todo se ha digitalizado) y dejar de llegar a un público selecto, debemos cambiar algo.
Precisamente en el texto de Joanne Rappaport del tema 3: “Más allá de la escritura: la epistemología de la etnografía en colaboración” del año 2007, nos damos cuenta de la exorbitada importancia que ha tenido la etnografía como producción de material escrito, olvidándose de la interacción social en el trabajo de campo, donde la producción deja de ser individual. Y creo que ahí radica el problema ¡salgámonos de él!
La producción no tiene por qué ser individual al igual que el proceso final no tiene por qué enmarcarse dentro de un artículo con setecientas referencias que lo único que hacen es apoyarse en otros autores que se apoyan en otros autores y así hasta el infinito.
Busquemos entre todas, creemos juntas, divulguemos con la voz, con la fotografía y el vídeo…Dejemos a un lado esa obsesión por la propiedad individual-intelectual. Aunque sé que no es nada fácil porque de hecho, no nos han enseñado nunca así...
¿Qué opináis, importa tanto la autoría?
¡Hola, Irini! Nosotras con esa frase que has citado nos referimos al estilo de escritura, al texto como algo para ser leído. Que elijas el estilo en que presentar tu investigación no quiere decir que no tengas en cuenta el aspecto ético de la antropología, sino que es legítimo escribir un cuento con lo que te ha inspirado, o centrarte en el campo como dice Rappaport y no hacer tanto caso de producir un texto. Que todo vale y no tenemos por qué limitarnos a coger polvo en la academia, como bien dices.
EliminarPersonalmente, no creo que puedas hacer un buen trabajo sin que te guste lo que haces y que disfrutar de hacer antropología y transmitirla -que al fin y al cabo es en lo que consiste llevarla al texto- no es incompatible con tener en cuenta eso que criticas, que considero muy importante.
En cuanto a la autoría... Creo que la prioridad que le demos reside en una cuestión personal. Tenemos el ejemplo de Wu Ming, que escriben en grupo con ese nombre para que su contenido esté por encima de quiénes son (que es un problemita de la academia). Por otra parte, la autoría importa en el sentido de que es lo que deja dinero y considero que negarlo es evadirse de la realidad. Tienes que vivir de algo.
Esta entrada es un poco lo que he comentado en alguna de las otras entradas, ya que como mencionáis, la etnografía de forma literaria gana más en público probablemente, porque puede resultar más llamativo, pero pierde mucha de la información.
ResponderEliminarAdemás, creo que alguna de vosotras mencionó en clase que si lees un trabajo etnográfico más enfocado a la literatura pero ya has leído más del tema, no te parece que esté tan incompleto como si partes de cero sobre ese tema y te omiten información para hacerlo más literario.
Estoy de acuerdo con la idea del final, llega un momento en que si nos centramos únicamente en lo que va a contentar a los demás y no lo que nos gusta hacer, que escribiremos únicamente para contentar sin estar satisfechos nosotros mismos con lo que escribimos, cuando lo más importante debe ser que nos guste, que nos apasione, que transmitamos esa energía al público que lo lea.
Sobre lo del entendimiento de los textos etnográficos que se nos ofrecen, yo considero que cuanta más etnografía leamos, más fácil nos resultará en un futuro comprender nuevas lecturas etnográficas. También puede ser por la idea que sugerís, que leyendo únicamente una parte, te falta información anterior por lo que puede contribuir a un peor entendimiento de la lectura. Yo lo achacaría a ambas opciones.